Mujeres de Pablo González

El espacio trae recuerdos de lo real, y juega a salir de la tradición de la perspectiva. Añade capas de colores, manchas y texturas, materialidades que rompen con las figuras. Esas atmósferas liquidas o gaseosas configuran un diálogo con sus habitantes femeninos. Como un vidrio transpirado por el encierro, dentro de una vitrina, exhiben su belleza melancólica. Este ambiente enrarecido abraza e intoxica, pero sobretodo imprime en sus carnes los colores nocturnos. Son ámbitos cerrados e internos, no cotidianos. Son lugares de placer o intimidad que se muestran con la anuencia de sus protagonistas (ellas se saben observadas). Somos invitados a descubrir los secretos que se esconden. El espacio poético femenino se erotiza y se muestra internamente con su fuerza intoxicante.

Todas las mujeres podrían ser una sola, con sus imágenes y reflejos. Parecen prisioneras de sus propias decisiones, casi sin la memoria de haberlas tomado, pero con la aceptación de su lugar y transcurrir onírico. Sola a acompañada de sí misma, no lucha, no agrada, tampoco exhibe escenas felices: solo espera o incita a detener el tiempo real desde el otro lado del lienzo o papel. Se congela un sueño, un recuerdo en una tela. Ellas son rodeadas y transfiguradas con el movimiento etéreo. Permanecen inmóviles, invadidas, observando al observador. Alzando su mirada oscura y poco descifrable. No niegan su condición de representación: son imágenes de mujeres ¿que buscan? ¿que invocan? Sus carnes hechas de trazos, sus cabellos recogidos y desalineados, como un recuerdo íntimo, como un gesto capturado. La mujer es un misterio a descifrar, es una serie de imágenes múltiples de si misma, como un sueño o recuerdo; es un reflejo dentro de una vitrina, una figura que se desarma, una aparición en una mancha líquida y móvil.


Pablo González’s women:

Spaces bring us memories from the real and playing to escape from tradition of the perspective. It adds layers of colors, stains, textures, materialities which break up with the figure. These liquids or gaseous atmospheres shape a dialogue with their female inhabitants. As a wet glass in an enclosed place, they show their melancholic beauty. This rare environment hugs and intoxicates but most of all prints nocturnal colors on their flesh. They are closed and internal ambits, not daily. They are pleasure or intimacy places that are shown with the consent of their protagonists (they know they are observed). We are invited to discover the secrets that are hidden in the female poetic space.

All the women could be just one, with their images and reflections. They seem to be prisoners of their own decisions, almost without the memory of having taken it, but with the acceptance of their place and elapsing dreamlike. Lonely or accompanied by themselves, they do not fight, they do not like, neither of them exhibit happy scenes: they just wait or encourage stopping the real time from the other side of the canvas or the paper. A dream is frozen, a memory on a canvas. They are surrounded and transfigured by the ethereal movement. They remain immobile, invaded, observing the observer. They raise their dark and undecipherable gaze. They do not deny their condition of representation: they are women images ¿What are they looking for? ¿What are they invoking? Their flesh made of strokes, their collected and misaligned hair, look like an intimate memory and a captured gesture. The woman is a mystery to decipher, she is a series of multiple images of itself, like a dream or a memory, she is a reflection inside a showcase, a disarmed figure, an appearance in a liquid and immobile stain.

Ramiro Alvarez

Especialista en Teoría del Diseño Comunicacional. Profesor Adjunto de Morfología en la carrera de Diseño Gráfico UBA-FADU. Profesor asociado de Morfología 1, en la Tecnicatura de Diseño de Marcas y Envases. UNDAV.

2018

2017

«A moça do sono»

Súbito me encantou

A moça em contraluz
Arrisquei perguntar: quem és?
Mas fraquejou a voz
Sem jeito eu lhe pegava as mãos
Como quem desatasse um nó
Soprei seu rosto sem pensar
E o rosto se desfez em pó

Por encanto voltou
Cantando a meia voz
Súbito perguntei: quem és?
Mas oscilou a luz
Fugia devagar de mim
E quando a segurei, gemeu
O seu vestido se partiu
E o rosto já não era o seu

Há de haver algum lugar
Um confuso casarão
Onde os sonhos serão reais
E a vida não
Por ali reinaria meu bem
Com seus risos, seus ais, sua tez
E uma cama onde à noite
Sonhasse comigo
Talvez

Um lugar deve existir
Uma espécie de bazar
Onde os sonhos extraviados
Vão parar
Entre escadas que fogem dos pés
E relógios que rodam pra trás
Se eu pudesse encontrar meu amor
Não voltava
Jamais

Chico Buarque

2016

2015

2012-2013-2014

Murgas

A redoblar…

Volverá la alegría a enredarse con tu voz
a medirse en tus manos y a apoyarse en tu sudor.
Borrará duras muecas pintadas
sobre un frágil cartón de silencio
y en aliento de murga saldrá.

A redoblar…
A redoblar muchachos esta noche
cada cual sobre su sombra
cada cual sobre su asombro a redoblar
desterrando
desterrando la falsa emoción el la la la
el beso fugaz,
la mascarita de la fe.

A redoblar…
A redoblar muchachos que la noche
nos presta sus camiones y en su espalda
de balcones y zaguán nos esperan
nos esperan otros redoblantes otra voz
harta de sentir la mordedura del dolor.

A redoblar muchachos la esperanza
que su latido insista en nuestra sangre
para que ésta nunca olvide su rumbo…

Porque el corazón no quiere entonar más retiradas.

Mauricio Ubal – Rubén Olivera

Dibujos

Frente a la obra de Pablo González –una serie de carbonillas con modelo vivo- surge la pregunta por la mímesis. La técnica utilizada tiende a la representación mimética, y eso lleva a interrogarse si la obra se vuelve más artística cuanto más se aproxima al original.

Para Hegel la imitación es un esfuerzo superfluo, que sólo es capaz de representar el simulacro de la vida. Tiene más sentido cualquier intervención de la técnica, afirma el filósofo. Las carbonillas muestran una buena reproducción, con lo que el artista exhibe su control de la técnica; pero impactan con una sobrecarga, que produce el efecto de un oscurecimiento sombrío.

Esa sombra oscura –resultado de una búsqueda obsesiva de la perfección- traza múltiples significaciones. Es el cuerpo lleno, cargado de simbolizaciones y demandas sociales de perfección; y es también el cuerpo agobiado por su propia pérdida. Mediante este recurso del exceso, P.G. se aleja de la representación mimética, rompe con la primera impresión, se rebela. Pone los cuerpos en la lógica de unas naturalezas muertas, donde el artista se esfuerza por mostrar el principio  de la descomposición antes que su belleza externa.

Mediante el exceso, develan su devenir-muerte esos cuerpos bellos, con lo cual la idea misma de belleza se corrompe; y con ella, la sociedad que la produce. El arte es la pasión subjetiva que ya no quiere participar del mundo, dice Blanchot. Es el “mundo invertido”: la insubordinación, la desmesura. En el caso de este artista, que construye la figura por exceso –carga, borra, limpia, oscurece-: ¿qué otra cosa expresa sino una insubordinación frente al modelo canónico de belleza?

Las modelos reciben la luz de lo oscuro. Será por eso que asoman agónicas y se envuelven en una tenue melancolía. Pero además, en ese oscurecimiento el artista encuentra su estilo, y las obras se organizan fehacientemente como serie. Una serie de cuerpos mórbidos que proponen una nueva visibilidad, en la que la técnica mimética y el estilo individual se cruzan para exudar la intensa belleza de lo sombrío.

Marcela Domine